Tras el primer semestre de 2010, el cibercrimen sigue evolucionando tanto en escala como en complejidad. A medida que las redes sociales van ocupando un lugar cada vez más destacado en nuestras vidas día tras día, se han convertido en un terreno de caza cada vez más fértil para aquellas personas interesadas en robar nuestra información personal y aprovecharse de ella, y en poner en peligro nuestros sistemas informáticos y usarlos de forma indebida con el objetivo de obtener ganancias financieras mediante el robo de nuestros fondos personales o corporativos o la obtención de fondos ilícitos procedentes de anunciantes o emisores de spam. Del mismo modo que las personas han cambiado sus hábitos para adaptarse a nuevas tecnologías y a nuevas formas de llevar a cabo sus actividades cotidianas, los proveedores de seguridad también han tenido que implantar nuevas estrategias para poder hacer frente al gran aumento de programas maliciosos y vectores de ataque nuevos.

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